Existe un amplio ámbito de entornos en los que es necesario el registro permanente de los parámetros ambientales, especialmente destinados a fines preventivos (ej. incendios). Las variables de la naturaleza tienen ritmos de cambio lento, que obligan a una prolongada observación previa a la obtención de conclusiones. En otros pocos casos, sin embargo, la monitorización ha de ser exhaustiva (ej. erupciones volcánicas).

Los métodos empleados hasta la actualidad implican un constante desplazamiento para la realización de mediciones, obligando a establecer calendarios de monitorización exhaustivos que optimicen el uso de personal y recursos. Por desgracia dicho planteamiento no garantiza la capacidad para adelantarse a los resultados.
Las redes de sensores son instalaciones flexibles,que no requieren cableado, funcionan en intemperie y resisten tanto las condiciones adversas como la acción animal. Pueden obtener energía del entorno y comunican constantemente el estado de los equipos, por lo que requieren un mantenimiento mínimo que puede llevarse a cabo de forma más eficiente.
El despliegue sólo ha de hacerse una vez, y a partir de entonces la información transmitida dibuja un mapa sensorial en tiempo real, visible desde cualquier parte a través de internet. Los datos son susceptibles de análisis para envío de alertas, pueden ser presentados en gráficas o recogidos en informes para posterior evaluación. El histórico es mucho más denso de lo que podría serlo por métodos tradicionales, y permite una virtual presencia de la organización en varios lugares al mismo tiempo.